- ¿Cuál será nuestro procedimiento?
- Es fácil: lo hacemos revolcarse en el fango. Mediante un profundo sufrimiento y el más completo desamparo, doblegamos poco a poco su voluntad. Lo alimentamos de miedos y de sensaciones dolorosas que no podrá soportar. Hacemos de la angustia su ama y directriz. Al mismo tiempo le ofrecemos promesas y fantasías de una posible salvación. Llenamos progresivamente su espíritu de ideales y sentimientos que él tomará como verdades absolutas y a los que llamará “experiencias religiosas”. Será cuestión de poco tiempo: él solo vendrá hacia nosotros arrastrando sus ensangrentadas rodillas. Besará la mano de los nuestros y hará ofrendas ante los altares. Humillado, vaciado de cualquier otra esperanza, su dignidad le será finalmente arrebatada.
- ¿Es seguro que funcionará? ¿No podrá el hombre rebelarse?
- Es una posibilidad. Sin embargo ya tendremos muchos aliados para cuando eso suceda. Todos a su alrededor lo señalarán con el dedo; será satanizado y tendrá que enfrentarse prolongadamente a la angustia y quizás también a un sentimiento de culpa. Muchos de los que ya habrán cedido a nuestro poder se encargarán de decirle “antes de encontrar la Verdad, yo fui como tú, yo me vi como tú”. Insistirán en que vive en el error, en un muy grave error, y, si no es muy falto de consciencia sobre su condición, alimentarán fácilmente su incertidumbre. Con algo de suerte, esto lo hará ceder.
- ¿Y si no?
- Entonces lo habremos perdido, pero no sin intentar dejar en él alguna marca de nuestra venganza.
- Es fácil: lo hacemos revolcarse en el fango. Mediante un profundo sufrimiento y el más completo desamparo, doblegamos poco a poco su voluntad. Lo alimentamos de miedos y de sensaciones dolorosas que no podrá soportar. Hacemos de la angustia su ama y directriz. Al mismo tiempo le ofrecemos promesas y fantasías de una posible salvación. Llenamos progresivamente su espíritu de ideales y sentimientos que él tomará como verdades absolutas y a los que llamará “experiencias religiosas”. Será cuestión de poco tiempo: él solo vendrá hacia nosotros arrastrando sus ensangrentadas rodillas. Besará la mano de los nuestros y hará ofrendas ante los altares. Humillado, vaciado de cualquier otra esperanza, su dignidad le será finalmente arrebatada.
- ¿Es seguro que funcionará? ¿No podrá el hombre rebelarse?
- Es una posibilidad. Sin embargo ya tendremos muchos aliados para cuando eso suceda. Todos a su alrededor lo señalarán con el dedo; será satanizado y tendrá que enfrentarse prolongadamente a la angustia y quizás también a un sentimiento de culpa. Muchos de los que ya habrán cedido a nuestro poder se encargarán de decirle “antes de encontrar la Verdad, yo fui como tú, yo me vi como tú”. Insistirán en que vive en el error, en un muy grave error, y, si no es muy falto de consciencia sobre su condición, alimentarán fácilmente su incertidumbre. Con algo de suerte, esto lo hará ceder.
- ¿Y si no?
- Entonces lo habremos perdido, pero no sin intentar dejar en él alguna marca de nuestra venganza.

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