martes, 14 de julio de 2009

El hombre caminante

Lo que sigue me lo acaban de publicar en la revista Mini Plastic. Lo escribí en junio del 2008.
Camina el hombre caminante caminando sobre el camino. Es un hombre sin nombre, una entidad sin edad y con un sexo anexo. El sol calienta su cabeza y lo mismo hacen algunos pensamientos flotantes, inconexos, representados por símbolos y signos heredados de generación en generación. Es caluroso allá arriba, es caluroso allá adentro. Sus pies lo sostienen, calientes también. Su corazón lo sostiene, caliente también. Su madre, su raza, sus dioses y sueños, todos calientes también. Y sostenido él avanza, despacito avanza hacia aquel punto inconciente, relegado al olvido. Claro, es necesario para seguir avanzando. El olvido también lo sostiene. Frío olvido de calor ausente, de ausente memoria, de memoria selectiva. Signos y símbolos que producen olvido, de generación en generación. Si no, degeneración, de vida a vida muerta en vida. Difícilmente no es así.
Camina el hombre caminante caminando sobre el camino, compartiendo el camino con otros caminantes que de igual manera caminan sobre el mismo camino que camina él. Y él los observa, porque es contemplativo, pasajeramente. Todo es pasajero en él, porque él es pasajero en todo, como todos. A merced del tiempo y del espacio todos, pero eso es olvido, para seguir avanzando. Hay que seguir avanzando. ¿Hay que seguir avanzando? Hay que pasar esa pregunta al olvido, para seguir avanzando. Hay que…hay que…Hay que seguir avanzando sobre el olvido.
El hombre caminante observa mientras camina a los demás caminantes que caminan sobre el mismo camino que él va caminando, y algunos de esos caminantes lo observan a él. Unos a otros se observan los caminantes y se interesan unos a otros por breves instantes, pasajeramente. A él le interesan pasajeramente. Le interesan porque es interesante interesarse en otros, de la misma manera que los otros se interesan en otros y en él. Entre esos otros está él. Él está con los otros en el interés de los otros y ellos en el interés de él. Con otros intereses están los otros en el interés de él. No le interesa que su interés no esté en el punto inconciente -¿o es que éste no esté en su interés?-, relegado al olvido; frío olvido de ausente calor es lo que es.
Se va cansando el hombre caminante conforme camina más y más sobre el camino que va caminando. Se va cansando y se va desinteresando, y va recordando al olvido olvidado por su memoria. Los otros se van desinteresando en él también. El hombre de olvido es poco a poco relegado al olvido, para seguir avanzando, de generación en generación. Se retiran las piedras del camino. Piedras y cuerpos relegados al olvido. Cuerpos de piedra, cuerpos de olvido. Casi acabado destino. Degeneración de generación.
Los caminantes que caminan el mismo camino que camina el aún caminante hombre de olvido se interesan en otros aún, pero no en él, que ya casi acaba el camino. Lo olvidan porque olvidó olvidar el olvido que los sostiene y porque ya casi acaba el camino. Ellos aún olvidan que caminan el mismo destino. Ya deja de caminar el hombre de olvido por el mismo camino. Ellos lo olvidan caminando aún, avanzando sobre el camino. Olvidan que caminan sobre el mismo destino que caminó el caminante, y en el mismo sentido, y siguen avanzando sin sentir el olvido. Sostenidos por sus pies, por sus corazones, por sus madres y por el olvido, sobre el olvido y sus pies calientes caminan todos al olvido, olvidando que donde no hay memoria, no hay sentido.

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