sábado, 22 de agosto de 2009

Lectura: Las Confesiones de Rousseau

Lo siguiente pretende ser una breve descripción de mi experiencia de lectura en relación a la obra mencionada.*
A partir de que leí "El Rojo y el Negro" de Stendhal sentí un fuerte deseo por leer "Las Confesiones" pues éstas constituyen una de las grandes influencias sobre el espíritu del protagonista, Julien Sorel. Después las encontré en la biblioteca de la UABC y leí la primera página. Mi deseo de leerlas aumentó pero, por una u otra razón, no lo hice, hasta hace poco. ¿La obra cumplió mis expectativas? No. Esperaba encontrarme con un hombre muy distinto al anciano meloso, neurótico y testarudo que Rousseau me pareció. Leí con cierto placer la primera parte de la obra (que comprende los seis primeros libros), pero me di cuenta de que lo que disfrutaba no era la lectura de la obra en sí sino el análisis que yo hacía del autor. Rousseau repetidamente afirma someterse voluntariamente al juicio del lector, pero creo que él pensaba en juicios de tipo moral y mis juicios fueron, en su mayoría, de otra naturaleza, casi clínicos (y sí, tiene sentido porque soy estudiante de Psicología pero aún así no es algo que acostumbro hacer con cada libro que leo, creo). Me doy cuenta de que ahora no puedo mencionar a Rousseau sin anteponerle el adjetivo "neurótico". ¿No leyó Freud Las Confesiones? Debo admitir, a pesar de mis reservas respecto al psicoanálisis, que encajan perfectamente en algunas teorías freudianas. De la segunda parte tengo poco que decir: en general me fue indiferente. El hombre terminó por parecerme antipático y ahora puedo comprender un poco mejor las palabras de Nietzsche cuando escribió en su lista de los autores a los que no podía soportar: Rousseau, o la vuelta a la naturaleza en un estado natural impuro. Han pasado ya varias semanas desde que terminé la lectura de sus Confesiones y he olvidado muchos de los detalles que me causaron antipatía, pues al fin de cuentas no fueron muy importantes, pero la impresión sí la recuerdo y definitivamente no es buena.

sábado, 15 de agosto de 2009

Diálogo sobre un proyecto de salvación

- ¿Cuál será nuestro procedimiento?
- Es fácil: lo hacemos revolcarse en el fango. Mediante un profundo sufrimiento y el más completo desamparo, doblegamos poco a poco su voluntad. Lo alimentamos de miedos y de sensaciones dolorosas que no podrá soportar. Hacemos de la angustia su ama y directriz. Al mismo tiempo le ofrecemos promesas y fantasías de una posible salvación. Llenamos progresivamente su espíritu de ideales y sentimientos que él tomará como verdades absolutas y a los que llamará “experiencias religiosas”. Será cuestión de poco tiempo: él solo vendrá hacia nosotros arrastrando sus ensangrentadas rodillas. Besará la mano de los nuestros y hará ofrendas ante los altares. Humillado, vaciado de cualquier otra esperanza, su dignidad le será finalmente arrebatada.
- ¿Es seguro que funcionará? ¿No podrá el hombre rebelarse?
- Es una posibilidad. Sin embargo ya tendremos muchos aliados para cuando eso suceda. Todos a su alrededor lo señalarán con el dedo; será satanizado y tendrá que enfrentarse prolongadamente a la angustia y quizás también a un sentimiento de culpa. Muchos de los que ya habrán cedido a nuestro poder se encargarán de decirle “antes de encontrar la Verdad, yo fui como tú, yo me vi como tú”. Insistirán en que vive en el error, en un muy grave error, y, si no es muy falto de consciencia sobre su condición, alimentarán fácilmente su incertidumbre. Con algo de suerte, esto lo hará ceder.
- ¿Y si no?
- Entonces lo habremos perdido, pero no sin intentar dejar en él alguna marca de nuestra venganza.